Bienestar, Psicología, salud

Aceptar no es resignarse

Frente a distintas circunstancias tenemos opción de elegir. Si quedarnos atrapados en la protesta y la queja o hacer algo para enfrentar los acontecimientos. Nuestro estado anímico puede ser determinante a la hora de decidir qué elegimos en cada caso.

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El ánimo no es cuestión de lo que te toque en suerte, hay opciones resignarte o aceptar

El estado de ánimo es una actitud o disposición emocional en un momento determinado. Esta disposición o modo de estar, puede sostenerse a lo largo del tiempo. Es lo que se conoce como el humor o tono sentimental, éste expresa matices afectivos y tiene por sí sólo la capacidad de alterar o modificar nuestro cerebro y hasta nuestro cuerpo.

Si este tono emocional se mantiene y prolonga a lo largo del tiempo y es el que habitualmente aparece frente a distintas circunstancias, hablamos de un humor dominante o estado fundamental de ánimo.

A diferencia de las emociones, como el miedo o la sorpresa, el estado de ánimo es menos intenso pero más duradero que una emoción y siempre es activado por un determinado estímulo o evento.

Existe una corriente de pensamiento actual -imbuida de enseñanzas orientales milenarias- que la ciencia médica occidental avala y continua investigando que sostiene que “Somos energía”. Todo nuestro ser es energía, incluso nuestro cuerpo siendo ésta una energía más densa, mientras que los pensamientos, sentimientos, emociones y los estados anímicos son una energía fluida y hasta imperceptible. Esto último es lo intangible, lo no mensurable pero sin embargo, posee la misma fuerza, poder e intensidad que todo lo evidente, concreto o palpable.

La energía de los distintos estados de ánimo que perduran y se sostienen en el tiempo, inundan y tiñen todo nuestro ser, imprimiendo y transfiriendo las consecuencias ineludibles que generan según sea esa calidad de energía. Si la calidad de energía es negativa, esa negatividad se transfirirá a todo nuestro ser, así como, si el estado anímico es negativo también lo serán nuestros pensamientos y nuestros actos.

Hay estados de ánimo que aportan muchas ventajas competitivas mientras que otros generan un enorme sufrimiento, afectando profundamente la vida de las personas.

El doctor Mario Alonso Puig sostiene que uno tiene la capacidad de reinventarse y agrega ““Tenemos que enfocarnos mucho más en lo que queremos que en lo que tememos. Si se precisa con especial urgencia un horizonte ilusionante es especialmente en los momentos de incertidumbre. Y lo que veo es que ese tipo de mensajes brilla muchas veces por su ausencia”.

Como más arriva expresabamos, ante un evento o estímulo determinado, el estado de ánimo, sea cual sea esté, nos inunda con su energía y accionamos en consecuencia. Frente a distintas circunstancias, como por ejemplo, perder un vuelo, frustrarnos por un resultado inesperado, o algo que nos disgusta, inmediatamente surgen emociones de rechazo ante ese hecho, como la ira, la angustia, la desesperación o el miedo. Ante estas circunstancia El Dr. Puig, nos alienta a no resignarnos, sino todo lo contrario, recomienda aceptar la realidad, ya que ésta nos impulsa a ponernos en acción.

La Resignación implica que uno se ve indefenso frente a lo que sucede, se siente incapaz de cambiarlo.Tiene que ver con un acto de sumisión, de ceder para no causar más dolor, o rabia, por lo que no está, por lo que no pudo ser, por lo que ya fue y no sigue siendo, es conformarse y someterse.

Si en lugar de rechazar, aceptamos, cambiamos el foco de atención. En lugar de estar centrados en el problema el foco está puesto en la solución. Aceptar el hecho y hacerse cargo de él nos torna en seres responsables, que se hacen cargo del suceso y se habre el juego a la creatividad.

Si en cambio nos resignamos y nos llenamos de preguntas: ¿Por qué?, ¿Por qué a mí?, ¿Cómo pudo suceder esto?, sólo nos empanamos en preguntas casi siempre sin una respuesta inmediata.

La aceptación implica un cambio actitudinal pero también un acto: La decisión de no dejarnos embargar por la habitual energía o estado anímico dominante que generalmente nos imbade frente a ese tipo de situaciones.

El Dr. Puig argumenta: “Que el cerebro del adulto es maleable ya tiene poca discusión. Hoy sabemos que, cambiando la forma de pensar, cambiamos los circuitos cerebrales. Personas ancladas en una mentalidad negativa favorecen la muerte neuronal, mientras que aquéllas que han decidido enfocarse en lo positivo generan nuevas neuronas a partir de células madre cerebrales. Si “gran parte de nuestro sufrimiento es optativo”, ¿podemos aprender a sufrir menos? Tenemos que asumir que el dolor de la pérdida –de un trabajo, de un ser querido, de la salud– es parte de la vida. Pero hay que ser conscientes de que nuestra forma de interpretar una situación es lo que transforma el dolor en sufrimiento. Es decir, si yo al dolor de la pérdida de un trabajo le añado conversaciones internas del tipo “Esto es una vergüenza”, “no sirvo para nada”, “y ahora qué dirán mis amigos”, y me mantengo en ese estado de ánimo, todo lo que yo añada de pena, de crispación, de tristeza, es sufrimiento. Es optativo. Y puede evitarse”.

La clave es aceptar. La diferencia es muy importante, no es lo mismo resignarse que aceptar.

Por

Andrea De Nito

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